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#LaColumna: La ironía del Maloro Acosta

#LaColumna: La ironía del Maloro Acosta

08 de Feb del 2019, Hermosillo, Sonora

Por Rodrigo Sotelo / Twitter: @masmedio

Manuel Ignacio Acosta Gutiérrez cometió muchos errores como alcalde de Hermosillo, pero no pude regateársele que hasta el final tomó decisiones coherentes y mantuvo a flote un ayuntamiento que parcialmente naufragaba desde hace varios trienios.

No se olvidan las paradas millonarias, el incremento a la tarifa del agua que le tocó aplicar sin el mínimo interés de paliar, la concesión del alumbrado público que no se supo asear y socializar, ni los abusivos retenes ni la ineptitud policíaca.

Hoy puede arrepentirse: de no medir consecuencias, no haber sido autocríticos y de haber confiado ciegamente en colaboradores inútiles que solo le profesaban lealtad y obediencia.

Los excesos de su gobierno son conocidos y deberá responder por ellos, pero en proporción al daño acreditado y no bajo la lógica estomacal del Celidismo que lo eligió –convenientemente- como el origen de toda crisis que no saben lidiar.

Aquí hemos sido crítico del defenestrado priista, a su salida y durante el curso de su escandalosa administración, aunque también creemos que se ha perdido el equilibrio cuando se juzga –en ocasiones- a la ligera su trabajo, sin el debido contraste con quienes le antecedieron.

Pero, sobre todo, sin entender las motivaciones de la alcaldesa Célida López y sin admitir las inéditas impericias con que arranque la actual administración.

Maloro ya está pagando y vive una ironía que lo obliga –así lo entiende él- a esconderse, mientras otros exalcaldes verdaderamente dañinos duermen tranquilos y se dan el lujo hasta de opinar en temas que lo inculpan, como el alumbrado público.

La ironía es que Javier Gándara, el voraz empresario que probablemente detonó lo que hoy se padece en el municipio, se atreva a darse golpes de pecho y se sume a la víscera de la Presidenta padrecista de Hermosillo.    

Irónico que luego de haber perdonado a Alejandro López Caballero, el alcalde panista más insípido que se recuerda, ahora Maloro sea el perseguido y que el primero haya tenido el cinismo de acudir a la protesta de Célida López.

Ya el hecho presumido de que participó y aportó en campañas del PRI, aquí en la capital, entra en otra categoría.  

Representa una monumental ironía que ahora se señale a la familia de Maloro Acosta, con o sin razón aunque sin denuncia formal de por medio, cuando López Caballero tenía a su hermano becado –como siempre- en la oficina de la Presidencia.

Nos consta que Maloro cuidó, como pocos políticos, la tranquilidad y el prestigio de su esposa, que hasta llegó a reclamarnos personalmente algunos memes ofensivos que su gente ociosa endosaba a este periodista.

La ironía –o el colmo- sería que también sea a él a quien se le señale de promiscuo e inmoral.

Ironía que Maloro Acosta tenga la etiqueta de corrupto por buscar resolver problemas heredados (con todo lo cierto que haya de excesos e irregularidades), y que siga impune que su precedente en Palacio haya vegetado los tres años.

Hay quienes se indignan con la liberación de Padrés, pero son aliados de sus aliados o aliadas”, escribió en tuiter Juan Pablo Acosta en respuesta a la postura de su propio partido… ¿Irónico, verdad?

El consuelo de Maloro Acosta deberá ser seguir constatando, desde lejos como ha preferido, el caos que en tiempo récord producen sus carniceros y poder atestiguar el final irrefutablemente funesto que se construye del Celidismo.

Hasta entonces se hará un justo balance.

Gracias y hasta la próxima con el favor de Dios.

Rodrigo Sotelo Mendívil

Director General Masmedio

Correo: rodrigosotelo@masmedio.com                                                                                                         

Twitter: @masmedio

  



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